sábado, 5 de septiembre de 2009

Artigo de Daniel Basteiro, periodista vilalbés, corresponsal en Bruselas do diario Público


Para que ninguén pense que as miñas percepcións e opinións sobre o certame literario son debidas a un interese político de desgastar o equipo de goberno do PP, lede este interesante artigo de Daniel Basteiro, corresponsal vilalbés dun diario de tirada nacional que asistiu ó certame literario.

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Franco, honrado en casa de “don Manuel”
2009 September 2
por Daniel Basteiro


Podría ser un pregón más. Es decir, el inicio discreto de las fiestas de San Ramón que Vilalba (Lugo) celebra a caballo entre agosto y septiembre. Podría ser el discurso interminable de casi todos los años, en el moderno auditorio poblado por vecinos vestidos de domingo que cuchichean sobre la idoneidad de tal o cuál dama de honor. Podría ser el discurso lleno de “recuerdo cuando” o “antes, cuando era joven”. El homenaje a las tradiciones e historia local que siempre se le encarga a alguien famoso que nació en el pueblo pero emigró, curiosamente sin regresar muy a menudo a su tierra. Siempre con Manuel Fraga, “don Manuel”, el alcalde y algún miembro de la Xunta presentes, luchando tanto como los miembros de la sufrida banda de música por permanecer despiertos.
Sin embargo, este año se recordó con una nostalgia inaudita a la figura del “generalísimo”, a quien el pregonero, el periodista Antonio Domínguez Olano, llama “don Francisco Franco Bahamonde”. El encargado de inaugurar las fiestas del pueblo de Fraga o Rouco Varela no tuvo reparos en acordarse públicamente de los “paseos” o de las placas en honor al dictador. Ni se despeinó al referirse al dictador por los términos impuestos por el régimen. Todo ello en un discurso caótico y difícil de seguir que dejó en un segundo plano las anécdotas sobre su juventud en el pueblo.

Los medios locales optaron por silenciar el homenaje público y se limitaron a sumarse a los continuos elogios de Domínguez Olano a Fraga, con quien Vilalba y España están para él en deuda. Tampoco faltaron en el discurso los elogios al antiguo presidente del Parlamento de Galicia (también vilalbés, también del PP), su hijo (concejal de Cultura), el alcalde (que logró otra mayoría absoluta más para el mismo partido en las últimas elecciones) o el cardenal de Madrid.
Algunos de los habituales a la cita pusieron mala cara. “Creo que nunca se hicieron referencias a Franco en estos términos”, me comentó a la salida uno de ellos. “Es una pena que se estropee el inicio de las fiestas de esta manera y que no pase nada”, lamentaba otro. No obstante, la elección del pregonero, prerrogativa del gobierno municipal, produjo también muchas sonrisas nostálgicas y algún que otro aplauso espontáneo.

Lo grave, más allá de la falta de transparencia en la elección del pregonero, no es que el ilustre vilalbés, que casi siempre lleva décadas fuera de Galicia, pueda decir lo que quiera. Eso es deseable. Lo grave es que se utilice un acto público, institucional pero puramente ornamental, para infectarlo con términos políticos y retórica franquista. Todo ello aderezado con adulaciones sin pudor siempre a los mismos, siempre segundos antes de cantar el himno gallego, que es de todos.

Quizás lo peor sea la satisfacción de algunos (no pocos) de los presentes y su reflejo inexistente al día siguiente en la prensa. Los que aplauden estos homenajes demuestran una democracia mal asumida, que consiste en utilizar la libertad de expresión en actos públicos como un altavoz para la morriña de tiempos pasados que, por supuesto, siempre fueron mejores. Un preámbulo perfecto para que las fiestas locales se desarrollen, como siempre, en un clima de “extraordinaria placidez”.

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